jueves, febrero 27, 2014

Día común







Erick Pérez se levanta a las seis de la mañana odiando el despertador. Últimamente se siente cansado por preocupaciones laborales, maritales, de padre de familia, de profesor entre otras cosas.  Ha sido difícil ser guapo se dice a sí mismo, mientras se sienta un rato a la orilla de la cama. Ha escuchado que pararse de golpe puede ocasionar un desmayo.

Son las seis de la mañana y lo primero que se pregunta es qué día es, porque si es lunes, miércoles o viernes, hay que sacar la basura. Lo segundo que se pregunta es cómo estará el clima, dependiendo del estado del tiempo se prepara el atuendo a llevar durante el día: suéter, camisa de manga larga o corta. Del café no se preocupa, él se encarga de que no le falte.

Luego, le cuestiona a su mujer si se baña primero ella o primero él. Ya sabes que siempre primero entro yo, le dice ella, y remata, ayúdame con las niñas. Espera un rato a que entre su mujer a la regadera. No despierta a las niñas. Se va a la cocina y piensa qué les puede ofrecer de desayuno. A veces son gorditas dulces de harina, a veces cereal, a veces y últimamente, emparedados a la Walter White que han tenido mucho éxito entre los paladares exigentes de sus hijas.

Walter White es un personaje de una serie que salió en televisión. Leyó acerca de él en una revista y no descansó hasta conseguir la temporada completa. Piensa en ello mientras se maldice por tener múltiples actividades y responsabilidades, ¿Cuándo terminaré de verla? Sólo me faltan dos capítulos y mientras se dice esto, verifica que el boiler esté encendido, no le gustaría una discusión tan temprana con su señora a causa de la falta de agua caliente.

Por fortuna es viernes y está a tiempo para sacar la basura acumulada desde el miércoles. Ese día no se levantó, de esas veces que no me quito el suéter porque traigo la camisa arrugada se volvió a decir a sí mismo. Juntó los papeles del baño, de la cocina y al introducir estas bolsas a una más grande, contuvo la respiración para no tener el primer desencanto del día.

Regresó a la cocina, encendió el televisor y puso a calentar agua. Prestó atención a las noticas de la nota roja (a ver qué novedades salen ahora las personitas del rancho) y en especial al clima. Para ello tomaba el control remoto de la tv para darle vuelta a los tres canales locales, y verificar si el pronóstico de las tres chicas coincidía por igual. En caso de que saliera el gris de Abimael, le cambiaba en seguida. Y esta vez no salió Abimael.

Se hizo un  café y continuó viendo el noticiero. Preparó unos sándwiches a la Walter White (crema de cacahuate y mermelada de fresa) precalentó dos vasos de leche y colocó estratégicamente vaso y plato en las áreas donde se sentaban cada una de sus hijas. Aunque le molestaba gritar, lo hizo, esta vez para preguntarle a su mujer si ella querría algo de lo que preparó. Ella no contestó nada y él no le preparó nada. Ella en ese instante salió del baño y detrás de ella una nube de vapor que siempre le acompañaba al terminar. Fue entonces que metódicamente suspendía la actividad televisiva, dejaba la taza en el fregadero y se iba a preparar la ropa para ese día. Entró a su cuarto, preparó pantalón, camisa, calzones y calcetines en ese orden y verificó que el par de zapatos de ese día estuvieran con las plantillas para el pie plano.

Dejó el pantalón y la camisa en la mesa de planchar y conectó la plancha, esto lo hacía para hacer tiempo y que el boiler volviese a renovar el agua caliente. Entró al cuarto de las niñas ayudó a despertarlas dándoles un beso a cada una. Ellas ni enteradas de las muestras de afecto de su padre. Déjalas, vete a planchar tu ropa yo me encargo de levantarlas y así fue.

Planchó su ropa, se fue a su cuarto, y en seguida tomó su toalla favorita para introducirse al baño. El agua perfecta. Dentro del placentero chorro, mientras se enjabonaba, se palpó la cara para ver si era necesario pasarse el rastrillo. Por lo general, trata que el desechable le dure un mes, así que un día se pasaba el rastrillo, el otro descansaba y así sucesivamente. Notaba que en días de strees la barba le crecía más rápido. Hoy no fue necesario pasar la gillete.

 


 

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